Pasaban siete minutos de la medianoche. El perro estaba tumbado en la hierba, en medio del jardín de la casa de la señora Shears. Tenía los ojos cerrados. Estaba durmiendo. El perro era muy agresivo y yo no lo sabía. Me acerqué a la valla de la puerta y no vi que el perro se moviera.
Cuando estuve enmedio de la cera, el perro saltó la puerta del jardín y se me lanzó encima. Esto es lo único que recuerdo por ahora.
Yo soy un chico muy amable y simpático por lo que me han contado. Tengo una cicatriz muy grande en la cabeza y está ahora mismo cubierta por un vendaje muy largo que me envuelve la cabeza cómo si fuera un casco de moto.
Me desperté aquí, en el hospital, ingresado, con esa maquinita que hace "piip, piip..." y mi supuesta madre al lado, cogiéndome de la mano, seria, con cara de preocupación, y tenía los ojos rojos, así que supe que había llorado.
Al cabo de unos minutos, cuando pude decir mis primeras palabras, ella se sorprendió, me miró a la cara, con unos ojos abiertos como naranjas y me abrazó. Yo no sentía ese sentimiento cómo ella. Se dió cuenta, y llamó a un médico, diciendo que había algo raro en la mirada de ''Alejandro''.
Ese nombre, me sonaba de algo. Después de muchas pruebas que me hicieron los médicos, me dijeron que era mi nombre y me resumieron un poco mi vida antes del accidente.
En ese preciso momento, maldecí ese horrible perro.
Cuando estuve enmedio de la cera, el perro saltó la puerta del jardín y se me lanzó encima. Esto es lo único que recuerdo por ahora.
Yo soy un chico muy amable y simpático por lo que me han contado. Tengo una cicatriz muy grande en la cabeza y está ahora mismo cubierta por un vendaje muy largo que me envuelve la cabeza cómo si fuera un casco de moto.
Me desperté aquí, en el hospital, ingresado, con esa maquinita que hace "piip, piip..." y mi supuesta madre al lado, cogiéndome de la mano, seria, con cara de preocupación, y tenía los ojos rojos, así que supe que había llorado.
Al cabo de unos minutos, cuando pude decir mis primeras palabras, ella se sorprendió, me miró a la cara, con unos ojos abiertos como naranjas y me abrazó. Yo no sentía ese sentimiento cómo ella. Se dió cuenta, y llamó a un médico, diciendo que había algo raro en la mirada de ''Alejandro''.
Ese nombre, me sonaba de algo. Después de muchas pruebas que me hicieron los médicos, me dijeron que era mi nombre y me resumieron un poco mi vida antes del accidente.
En ese preciso momento, maldecí ese horrible perro.
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